Caras ocultas
Hablando de hombres feministas y sintiéndome como tal puedo señalar, en un ejercicio de autocrítica, el poco éxito alcanzado en el intento de transmitir (crear, generar, despertar…,) una consciencia mayoritariamente igualitaria y pacífica en nosotros los hombres.
El concepto «género» surgió para poder pensarnos de otro modo. Denunciaba el constructo social que colocaba a las mujeres en posiciones de desventaja, sometiéndolas a los hombres. Es de suponer que el género como constructo social ha operado siempre también sobre los hombres, solo que, en el sistema binario normativo, en sentido inverso a ellas: otorgándonos mayor accesibilidad a posiciones de privilegio, poder y, por ende, posible abuso. Desde esta perspectiva, el género funcionaría como núcleo gordiano del sistema patriarcal al objeto de crear, reproducir y perpetuar ideas, conductas y roles inmovilistas, hegemónicamente predadores para nosotros y generalmente desiguales.
Partiendo de esta tesis, que por simple nos situaría frente a un escenario tan concreto como tristemente realista, me pregunto para cuándo los feminismos invertirán más energía y recursos dirigidos hacia los hombres. ¿Para cuándo los espacios, consensos y alianzas al servicio del cambio en las estrategias feministas que presten atención y pongan foco en los hombres y nuestros procesos de masculinización? ¿Para cuándo la pedagogía sobre modelos de masculinidad saludables, pacíficos y cuidadosos con nuestros entornos? ¿Para cuándo el trabajo programado en todo el abanico del sistema educativo, desde la primaria hasta la universidad, contra los rasgos predadores y agresivos de la toxicidad del modelo hegemónico de masculinidad? ¿Para cuándo la inversión eficiente en generar feminismo sobre diversos modelos de calzar las masculinidades sindicales, empresariales, institucionales y de la población masculina en general? ¿Para cuándo pararnos a entender que este feo mundo está liderado por y para hombres cuyos “ser y estar” están íntimamente ligados a cómo se entienden como hombres?
Si el neocapitalismo no cesa en su empeño de crecimiento infinito y el poscolonialismo arraiga en una nueva era de guerras geopolíticas; si las políticas extractivistas siguen maltratando el planeta y los flujos migratorios aumentan al huir de las guerras y el hambre; si los malestares sociales crecen dividiéndonos y debilitando los mecanismos hasta ahora logrados para organizarnos política, social y económicamente de forma pacífica, sostenible, igualitaria y justa; si las redes y los medios siguen al servicio del mejor postor y en la línea del ”todo vale”; si los feminismos y las izquierdas seguimos jugando al “y tú más”, mientras la acumulación de dinero y poder sigue estratégicamente organizada y tácticamente activa en su empeño de que la cara del planeta tierra no cambie (Abascal, Bezos, Orban, Trump, Putin, Maduro, Musk, Jamenei, Milei, Zelenski, Bolsonaro, Zuckerberg, Netanyahu, Bukele…) ¿Hacia dónde vamos?
¡Parece ser que a la luna! “Nos seguiremos eligiendo los unos a los otros” dijo una tripulante mujer desde una nave espacial bautizada en femenino. El objetivo de desenmascarar a la luna haciéndonos comulgar con las bondades de una empresa igualitaria y de progreso, no es otro que el de clavar banderas, colonizar territorios y extraer riquezas. La famosa misión espacial orquestada y supervisada por los ojos azules de esa cara masculina del planeta Tierra pretende algo más antiguo que el hambre. Me preocupa que nos traguemos el romanticismo barato con que nos cuelan los cambios que no cambian absolutamente nada. Pero aún más me preocupa que quienes creemos en la necesidad de cambiar, quienes llevamos toda la vida desenmascarando caras ocultas, tengamos tan poco éxito en trasladar nuestros discursos a hechos.
En la mitología, Artemis es la diosa de la caza y la luna. He decidido entregarme a su magia y pensar que un día conseguiremos descifrar los secretos ocultos del género humano y dejaremos de ser pobres tontos cortoplacistas. En ese utópico día, descubrir caras ocultas no será necesario, pues seremos capaces de valorar la belleza de la distancia lunar y respetarla. Será el día en que Artemis será una diosa unisex y los ojos con que la miremos desde la tierra contarán con el brillo del que carecen hoy. Igual son unos sacáis negros en una cara muy distinta a la de hoy. Entonces, y solo entonces, me dará igual que sea de hombre, de mujer o no binaria.


Me ha encantado la visión de Jose Alfaro y yo también me entrego a la magia de Artemis.
¡Ojalá ese utópico día llegue pronto!
Estupenda descripción de la realidad social en la que vivimos.
Comparto tus deseos de seguir avanzando hacia esa igualdad real.